Guadalajara, Jal. a 7 de septiembre de 2004.
PALABRAS PARA LA EUCARISTÍA DE APERTURA DEL AÑO JUBILAR
POR EL CENTENARIO DE LA LLEGADA MARISTA A MONTERREY
Y APERTURA DEL AÑO VOCACIONAL.
Estimados hermanos y hermanas en Jesús, María y Marcelino Champagnat, miembros queridos de la Comunidad Educativa Marista de Monterrey.
Reciban un saludo muy afectuoso de parte del Hermano Provincial, Víctor Manuel Preciado, quien no ha podido hacerse presente físicamente en esta celebración, pero lo ha estado de corazón, ténganlo por seguro. Él me ha pedido les dirija unas palabras en este doble festejo: la celebración del centenario de la llegada de los primeros hermanos maristas a Monterrey, y la apertura del Año Vocacional Marista a nivel mundial.
Este día debemos felicitarnos unos a otros. Somos afortunados de vivir este momento en que la historia alcanza al presente. Aprovechemos la ocasión para dar gracias a Dios por tantas personas que a lo largo de este siglo han aportado una gota de sudor, una sonrisa, una lágrima, una desvelada, o cualquier otro gesto para construir esta hermosa historia de la presencia marista en Monterrey. A todos los que estamos aquí presentes nos toca agregar una línea más a esta historia, que sabemos tiene aún muchas páginas por escribir.
Cuando contemplamos con horror las noticias que nos trae la televisión, mostrándonos el odio insensato del hombre contra su hermano, a todos nos embarga un sentimiento de desesperanza. Las imágenes, aún sangrantes en nuestra memoria, de Beslan, Madrid y Nueva York se convierten en un recordatorio de la necesidad que tenemos todos de que Dios toque nuestro corazón para transformarnos de crueles Caínes, asesinos de nuestra propia sangre, en otros Cristos, puentes para el amor entre hombres.
Frente a este mar de desesperanza, que crece también a nuestro alrededor, a veces en nuestros propios hogares, Marcelino Champagnat nos muestra su sueño para las obras maristas. Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar. Él es el motivo de nuestra esperanza. Ésa fue la meta que se propusieron los pioneros maristas al fundar el "Instituto de la Sagrada Familia", allá por 1905, y sigue siendo nuestro reto para el siglo XXI. La presencia marista en nuestra querida ciudad tendrá sentido si conseguimos que el deseo de Marcelino transforme nuestra sociedad en una más justa, más solidaria, más fraterna. Ésta es la forma como queremos contribuir a la instauración del Reino de Dios en las calles, plazas y casas de esta ciudad.
Pero, dado que nuestro mundo ha girado tantas veces, llevar a cabo el sueño de Champagnat nos exige buscar respuestas acordes con nuestro tiempo. El XX Capítulo General de los Hermanos Maristas nos invita a responder a algunas llamadas concretas, actuales, que quiero compartirles en este momento.
La primera y segunda llamadas van dirigidas especialmente a mis hermanos maristas. Queridos Hermanos: ¡Hagamos de Jesús el centro de nuestras vidas! Él es la fuente de donde brota el manantial de esperanza de la que debemos ser testigos. Con esta fuerza siempre nueva, conviertan su comunidad en una escuela de fe para nuestros niños, jóvenes, compañeros de trabajo y padres de familia. No se puede concebir al Monterrey Marista en el siglo XXI sin su presencia entregada y alegre, testimonio de que hoy, en medio de las contradicciones de nuestra sociedad, vale la pena enamorarse entrañablemente de Jesús caminar junto con él. Con su vida fraterna, digan a muchos jóvenes que vale la pena ser hermano marista HOY.
La tercera llamada del Capítulo General nos invita a todos a asumir nuestro papel dentro de la misión marista. Ustedes, -apreciados maestros y maestras, compañeros de camino, padres de familia, alumnos y exalumnos, y quienes quieren la obra marista- son también partícipes del gran regalo recibido por Marcelino. Cada uno, desde su ser y su quehacer particular, junto con los hermanos, está llamado a ser Champagnat hoy. Acerquémonos durante este año, con asombro y alegría, a la vida de nuestro Fundador, quien seguramente tendrá una invitación particular para cada uno de nosotros.
De esta forma, hombro con hombro, el Capítulo nos invita, en su cuarta llamada, a ser sembradores de esperanza, llevando la Buena Nueva a los niños y los jóvenes, especialmente a los más desatendidos, a los más pobres, a los más tristes, a los más solos. Dejemos crecer en nuestro interior este fuego, que consumió el corazón de Marcelino hasta llevarlo a entregar toda su vida. Todos estamos llamados a buscar con creatividad la forma en que la educación marista llegue también, cada vez más, a los más pobres de nuestra comunidad. Que esta sea nuestra preocupación, y se convierta en el sello característico de la obra marista en Monterrey.
Creo, pues, que no es coincidencia que estemos aquí esta noche, a los pies de María, en la fiesta de su nacimiento. Ella lo ha hecho todo entre nosotros durante estos 99 años. Y seguirá estando presente, mostrándonos su cariño y regalándonos el bien más precioso que se puede tener: su hijo Jesús. Que ella bendiga, pues, la celebración de este año jubilar recordando la llegada de los hermanos maristas a Monterrey. Y al abrir también, junto con todo el mundo marista, la celebración del Año Vocacional, pidámosle que con ella podamos renacer a una vida nueva llena de frutos para la sociedad regiomontana.
Monterrey Marista:
¡OPTA POR LA VIDA!
¡VIVE HOY EL SUEÑO DE CHAMPAGNAT!